Es el tema del verano. Y no hablamos de una canción de Axé ni el nuevo hit de Daddy Yankee. No. Hablamos de uno que no tiene música ni mujeres bonitas en sus videos clips, pero si ha hecho moverse a muchos. Un tema que bien puede cambiar el destino del país. “¡Exagerado!” me encontrará usted, pero le explicaré el porqué. Y es que estoy en total desacuerdo con lo que han dicho algunos políticos tales como la Senadora (designada) Ena Von Baer, quien tratando de desviar el tema de cambiar el Binominal, ha dicho que el gobierno y el país (destaco que habla una senadora que llegó al senado sin un voto de ese “país”) tienen otras prioridades y que una reforma política no tiene importancia. Encuentro que la senadora no podría estar más equivocada. El congreso, compuesto por diputados y senadores, es el que al final aprueba o desaprueba los cambios que se vayan a hacer en Chile. Cambios en educación, salud, impuestos, leyes laborales, entre otros, deben ser discutidos y “arreglados” en el congreso. Entonces, cuando tenemos un sistema que no asegura la representatividad que debe, en donde pueden salir elegidos terceras mayorías, esos cambios no se logran hacer. Cuando tenemos una clase política acostumbrada y ebria de poder, que lleva años y años haciendo (o no haciendo) lo mismo, cerrando las puertas a nuevos actores que si quieren lograr cambios significativos, el cambio del sistema Binominal SI es una prioridad. Y aprovecho de citar a otra parlamentaria, la diputada Marisol Turres, quien defendió el sistema Binominal y dijo ser un sistema que aseguraba la representatividad regional. Yo le preguntaría a la diputada, ¿Cuantos de los parlamentarios elegidos viven en la región o distrito que representan? Y ampliando aún más la pregunta, ¿Cuántos candidatos regionales fueron derrotados (gracias al sistema Binominal) por candidatos de Santiago? Dejo esas preguntas en el aire, para empezar.
El sistema Binominal fue impuesto por don Jaime Guzmán, uno de los asesores estrella de la Dictadura Militar del General Pinochet y uno de los fundadores de la UDI. Sistema que le da más fortaleza a las listas y no tanto a la cantidad de votos que se logre personalmente, dando la posibilidad de que una tercera (e incluso, una cuarta) mayoría salga elegida por sobre la segunda. Pero el Sr. Guzmán fue un profeta en su propia tierra. Impuesto en 1989, antes de que la dictadura entregara el país a la democracia, el sistema Binominal tuvo sus primeros frutos en las elecciones parlamentarias del mismo año. Fue así como en las elecciones de diputados, 15 candidatos que fueron tercera mayoría, fueron elegidos por sobre los que fueron segunda mayoría. De estos 15, el 100% fueron candidatos de tendencia derechista. En los senadores, 11 se vieron beneficiados con el Binominal, entre ellos, el mismo Jaime Guzmán, quien obteniendo el 17% de los votos salió elegido por sobre un joven Ricardo Lagos, el cual obtenía la no despreciable cifra de 30% de los votos. En los 20 años que siguen, los beneficiados del sistema son mayormente de derecha. Es así como en los diputados, de todos los que salieron elegidos gracias al Binominal, un 69% son de derecha. En los senadores la cifra es aún más llamativa, ya que de todos los beneficiados con el bendito sistema, un 84% son de derecha (entre ellos Jovino Novoa y Hernán Larraín, coroneles de la UDI). Aquí surge la primera crisis del sistema. ¿Cómo puede ser que algunos defiendan un sistema que da la opción de que el que obtuvo la 3° mayoría pueda salir elegido? Sin ser muy inteligente, a futuro, era obvio que produciría crisis de representatividad, ya que si tomamos el ejemplo de Guzmán, tenemos a alguien que llegó al congreso con solo el 17% de apoyo de su distrito o circunscripción. Es decir, si tenemos 100 personas, de las cuales 30 votaron por Ricardo Lagos y 17 por Guzmán, el voto de estos 17 valió más que el voto de las otras 30. ¿Injusto, verdad?
Durante los años 1990 a 2008, se presentaron no uno, tampoco dos, si no 19 proyectos de ley para poder cambiar este sistema. La mayoría nació de la Concertación y unos pocos de Renovación Nacional. “¿Porqué no se aprobaron?”, se preguntará usted. La razón es que el Binominal está está en la ley org const de votaciones populares y escrutinios y el quorum para cambiarla era de 4/7 de senadores y diputados en ejercicio. Ese era el quorum, ya que con la reforma constitucional del 2005 subió a 3/5. Cuando se tiene una coalición política como la UDI-RN, que se ha visto beneficiada enormemente por dicho sistema, lograr esa cantidad de votos es difícil. Más aún, cuando el Binominal es un legado de Jaime Guzmán, fundador de uno de esos partidos políticos.
El pacto DC-RN es algo interesante. Ambos llegaron a un documento en donde se busca reformar el sistema Binominal. Más allá de que el documento sea bueno, regular o malo, yo destaco las reacciones que se produjeron (y que tal vez era uno de los objetivos escondidos de dicho pacto). Los primeros en rechazar tanto el documento como el pacto, fue la UDI. Varios parlamentarios de dicha colectividad salieron hablando para decir que no era el tiempo, que no era necesario, y que el país necesitaba de cambios más importantes que una reforma política. Y aquí repito lo que dije en un principio. Cuando se tiene un sistema de elección que perpetúa a partidos políticos conservadores en el congreso, y le cierra la puerta a la participación de grupos políticos liberales y progresistas, el cambio del sistema es algo prioritario. Cambiando el sistema, se permitirá la entrada de nuevos participantes, que con otros pensamientos, abogarán (idealmente) por cambios estructurales de lo que se tiene hoy (cambios en educación, leyes laborales, reformas tributarias, entre otros). El gobierno dijo que ellos no iban a tomar en cuenta esta propuesta, ya que dichas reformas se discutían primero al interior de la coalición oficialista. Es decir, un eufemismo de “no cambiaremos nada”, porque cuando esa coalición está formada por 2 partidos políticos, uno de los cuales es la misma UDI, los cambios no se harán.
El sistema Binominal debe cambiarse y ya. La credibilidad en la clase política está en crisis, siendo uno de los grandes responsables el mismo sistema Binominal. ¿La reforma de este ayudará a limpiar la política? ¿Cambiando a sistemas proporcionales, se mejorará la representatividad de los parlamentarios? ¿Permitiendo la entrada de nuevos actores, se asegurarán los cambios importantes que necesita el país? La respuesta a estas 3 preguntas es: no sé, pero este sistema ya está probado. Al menos, probemos y experimentemos con uno nuevo.
Al final, usted tiene la última palabra.
Gracias.
Etiquetas: 2012, binominal, chile, congreso, dc, dictadura, diputados, gobierno, guzman, piñera, pinochet, ppd, proporcional, prsd, ps, reformas políticas, representatividad, rn, senadores, udi, walker
Como tú, creo que el sistema binominal debe ser reformado. Pero ojo con tus fuentes cuando escribes este tipo de columnas.
El binominal no está establecido en la Constitución ni se requieren 2/3 para su modificación. Está contemplado por la Ley de Votaciones Populares y Escrutinios, y el quórum para su modificación son 4/7.
Lo otro, ignoro cómo calculaste el porcentaje de beneficiados por el binominal (izquierda vs derecha), pero al menos Hernán Larraín no lo fue ( sacó más de 40% en la senatorial).
Suerte!
Estimado,
Gracias por leer primero. Ya hice la corrección que me indica. Sobre los cálculos, está el link con la información. Y sobre Hernán Larraín, la primera vez que salió senador fue gracias al binominal. Ese 40% lo logró en su segunda candidatura.
Saludos
Excelente columna que explica de manera clara, concisa y con “numeritos” porque el binomial sólo favorece a los pol´ticos que justamente queremos sacar del congreso.
Estimado Reno: Paso por acá solo para felicitarte dado que has planteado un análisis muy serio, con perspectiva documentada, de un tema que está en el eje medular de todo proyecto que permita que, en serio, se avance a reducir las brechas e inequidades presentes.
Solo me quedo la duda con el nombre de tu columna,. No veo cómo se abolirá, democráticamente, el binominal si “parlamento no hablar”. Creo que es al revés, dado que el Gobierno no quiere hablar, es el Parlamento el que tiene que pronunciarse y, ahí, adquiere toda su fuerza y valor el documento suscrito entre DC y RN, documento que, por lo demás, suscribo plenamente.